LA SERVA


Sofía era una joven soltera. La vida no le sonría, y la inseguridad era una extraña forma de vida.

Una hermosa morena, delgada, de cabellos negros y una personalidad magnética. Deseada por todos y temerosa de no agradar a nadie, tenía una curiosidad casi mórbida por el mundo de la sumisión. Sofía no sabía por qué, pero le agradaba la idea de servir a alguien.

Conoció a Miguel a través de las redes sociales. Un perfil enigmático. Sin foto de perfil como se impone a un cuarentón casado y con hijos. 3 por señal. La escritura de Miguel la cautivó, y llevó a un comentario en un post. Miguel, viejo zorro, percibió que estaba allí su próxima presa. Linda de morir, y novicia en el arte de la sumisión.


Combinaron hablar al teléfono. La distancia que los separaba no permitía un encuentro físico. Sofía estaba nerviosa, y más se quedó cuando su teléfono tocó. Él respondió. Una voz grave habló:

- Buenas noches Sofía. Me gusta saber que quieres servir a un Señor.

Sofía no sabía qué decir. Balbuceó unos sonidos. Las rodillas temblaban. Esa voz. Esa voz hacía temblar. Un escalofrío pasó por el cuerpo. Las imágenes pasaron por su cabeza. "Qué estaría ese desconocido a planear para ella. ¿Qué hacer? "Pero antes de que Sofía consiguiera hablar lo que sea, Miguel continuó:

- Veo que no estás preparada.

La voz tranquila, posada y grave la tranquilizaba pero al mismo tiempo... no sabía explicar... estaba nerviosa. "Como se puede estar tranquila, y nerviosa" - pensaba ella. Miguel continuaba:

- Primera regla y regla esencial: el poder es tuyo. Nada sucederá sin tu autorización expresa. Me expresa lo que deseas, pero sobre todo lo que no deseas. El BDSM no es sobre el poder del don. El poder está en la sumisa, que dicta las reglas y tiene el poder de terminar la sesión en cualquier momento. El placer del don está en realizar el placer de la sumisa, sea por el dolor, por la humillación, o por la restricción de movimientos. La sumisa dicta lo que desea pero sobre todo lo que no desea. Me dice Sofía cuáles son tus deseos y límites.

Sofía tenía la voz presa. No sabía qué decir. La única cosa que le salió fue una:

- No sé Señor. Y pensó - "Pero, ¿qué va a pensar de mí? Creerá que soy una tonta, y no va a querer hablar conmigo" - y permaneció en silencio.

Miguel no respondió de inmediato. El silencio fue ensordecedor. No permanecieron en silencio más de 30 segundos, pero para Sofía había sido una eternidad. Las manos sudaban. El cuerpo temblaba. ¿Estaría perdiendo una oportunidad? Pero ¿por qué se sentía segura ante un hombre, a quien sólo conocía la voz? "¡Quiero!" - pensaba ella. Mientras los pensamientos resonaban en su cabeza, Miguel con un tono seco y austero dijo:

- Más importante que lo que deseas, es saber lo que no deseas. Cuando supieras, hablamos.

Sofía sintió que Miguel iba a apagar y dijo "Pero Señor." Lo que siguió, hizo a Sofía saber, que había encontrado su don.

- FALAS CUANDO YO ORDENO, Y NO TE ADMITO UN "MAS"! - gritó Miguel al otro lado del teléfono. Sofía lo entendió todo. Este desconocido iba verdaderamente a enseñarla.

Ante el grito, Sofia sintió que estaba siendo enseñada y sintió... deseo. Su vagina quedó húmeda. Aquel grito. Esa voz. Aquel orden. ¿Qué deseo de ser poseída en aquel preciso instante. ¿Qué vigor sentía en el cuerpo. ¿Qué voluntad loca de someterse a aquel desconocido. Y en este torbellino de emociones Sofía balbuceó:

- Perdóname Señor.

- Mejor esclava. - regresando Miguel al tono grave, saltando de irado a tranquilo con la facilidad con que se bebe agua.

- Tendrás que compensarme. Siempre que te comportas mal, tienes que compensarme. Mastúrate para mí, ahora mismo.

Sofía no sabía cómo reaccionar. Instintivamente bajó la falda escarlata que traía, apartó las bragas negras, y comenzó a masajearse. Se preguntaba por sí misma porque lo haría. Pero la verdad es que su cuerpo saltaba de deseo. Los dedos bailaban armoniosamente, y su cuerpo temblaba. Oí el sonido de la respiración de Miguel. Soltó uno:

- Sí, Señor, ya lo estoy haciendo.

Miguel lo sabía. La respiración de Sofía había cambiado.

- Sé sierva. Serás mía. Irás a obedecer cada orden.

Los dedos a masajear, pero aquella voz... aquella voz la llevaba a la locura.

- Chupa los dedos y los pone en la cona... Hummm...

La palabra "cona", que Sofía nunca le gustó, sonó como nunca a una provocación extraordinaria que la llevó al éxtasis.

Sí señor. - dijo ella, y se llevó los dedos a la boca, sintiendo el sabor de su deseo. Chupó cada gota que escurría de tan excitada que estaba. Y se metió dos dedos. Increíble lo que Sofía sentía. Un deseo descontrolado que nunca había sentido por un hombre que nunca vio, y que ella deseaba, sólo por la voz. Se alejó de sus labios. Enfó los dedos lo más profundo que consiguió. El clítoris pulsaba. El cuerpo temblaba. "Como es posible" - pensaba ella. Y Miguel en silencio. Miguel apenas escuchaba la respiración descontrolada de Sofía. La intensidad cada vez mayor. Los dedos de Sofía recorrían cada milímetro de placer. Ella, que sentía siempre dificultad en tener un orgasmo, sentía uno a llegar. Ella que se retraía siempre. Ahora no. Quería gozar. Quería tener placer. Estaba casi. Pero caramba, casi, no es "tener". Sofía masajeaba. Los fluidos escurrían, como nunca tuvo sentido. Los dedos oscilaban entre la vagina y la boca. Sugería los dedos y sentía su sabor y eso la excitaba. Sabía que alguien la escuchaba y adoraba saberlo. Estaba descontrolada. No sabía cómo, ni por qué. Al principio del día nada llevaba a predecir este desenlace. Pero adoraba cada minuto. Sentía poderosa masturbarse a las órdenes de Su Señor. Masturbado a sí mismo. Quería tener un orgasmo. Pero... había aquel "pero", que no la dejaba. Estaba siendo una locura. Quería parar. Pero quería servir a su Señor. Miguel, sapiente, percibió que ella estaba al borde de la locura y con una voz suave, tranquila, melosa, susurró:

- Puta... Ven a tu Señor. Sofía escuchó "puta" y "ven", y no aguantó. Un orgasmo tremendo invadió su cuerpo. Emociones por el cuerpo y la cabeza. "Estoy teniendo placer", pensó ella. Miguel sintiendo el orgasmo susurró:

- Eso es mi sierva. Viene para mi placer.

Sofía ya no se vino más. Su cuerpo se relajaba. La respiración volvía a la normalidad. Antes de nada, oyó al otro lado del teléfono:

- Terminaste tu primera lección.

Y la llamada terminó. Sofía no quería creer. "Pero... pero... ¿Así? Off? ¿Y ahora? "Millones de pensamientos. "¿Sería ahora sólo virtual? ¿Y tendría una historia real? "
En los pensamientos, Sofía volvió a su rutina, teniendo la certeza de que iba a ser sierva de su don. Pero eso... se queda para otra historia...




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